Arturo Sanhueza, capitán de Colo Colo: El hombre más buscado
Hinchas, gerentes y plantel. Todos quieren a este volante de salida, oriundo de Concepción, que ha sabido ganarse la inamovilidad en el plantel de Astengo, y convertirse en un referente de la tienda alba.
Por Carolina Antonia Rocha
"Most wanted now”. “El hombre más buscado ahora”. O también puede traducirse como “el más querido”. Esa es la frase estampada en la polera que viste Héctor
Arturo Sanhueza, volante de salida y capitán de Colo Colo. Con llamativo tono fucsia, esas palabras reflejan lo que es el presente de este hombre, nacido en Concepción hace 29 años, y que vive su sueño: ser futbolista profesional y jugar en el equipo que ama. Es lejos el más requerido de los jugadores del plantel albo, para fotos, autógrafos, apretones de mano y demases. Incluso, son frecuentes las señoras que le piden la bendición para la guagüita, con la respectiva foto. Él sólo se ríe y agradece el cariño.
“Yo lo único que siempre quise fue jugar a la pelota, el fútbol era mi único objetivo”, confiesa Arturo (nombre por el que se le conoce con más frecuencia), y dice que su mayor motivación era tener éxito para librar a los suyos de sus apuros económicos. “Éramos de bajos recursos. Yo quería sacar a mi familia de la pobreza, y gracias a Dios lo he podido hacer”. Comenta que en ese tiempo, de cadete, miraba a los jugadores de equipos grandes, quienes tenían un buen pasar económico, y soñaba con algún día llegar a ese estatus. Hoy, él disfruta una muy buena situación monetaria. Se nota a simple vista: zapatillas Nike, un enorme reloj de marca y una camioneta Mazda (ploma y con llantas importadas de Estados Unidos) son sus inseparables, y comenta que tiene otro auto en la casa, pero “ese es para salir”.
Un rey con alma de guerrero
La hinchada lo apoda “el rey Arturo”. “He-Man” y “patrón de fundo” también suenan fuerte cuando se refieren a su capitán, llamado de manera frecuente “el mejor contención de Chile”. Reconocen, al igual que los comentaristas de fútbol, que no posee mucha velocidad ni juego aéreo, pero destacan por sobre todo su garra, su espíritu de lucha en la cancha, y que “tranca con el ojo” si es necesario”. Y su amor por
Colo Colo.
Fue el pilar del equipo tetracampeón de
Claudio Borghi, en 2007, y hoy lo es del cuadro de Fernando Astengo. Pero sus inicios contrastan con el actual éxito que tiene. Su primer encuentro con el fútbol a nivel profesional fue vistiendo la camiseta de Fernández Vial (Segunda División), donde jugó hasta 1999. “Allí hice las cadetes, y me tocó la suerte de debutar a los 16 años”.
Luego, su pase fue vendido a Colo Colo, donde no pudo jugar, y fue cedido a Everton de Viña del Mar por seis meses. Esa temporada, descendió a Segunda con los ruleteros. Al año siguiente se asentó en Wanderers de Valparaíso, escuadra con la que ganó su primer título en Primera División. Además, esta copa fue para los porteños su vuelta a los trofeos, después de 33 años de sequía.
El 2005 llega a jugar al Cacique y, a poco andar, se convierte en uno de los puntales del plantel. Pero el llegar a un equipo grande no estuvo exento de dificultades. A fines de ese año, A fines de 2005, Arturo vivió un complicado momento en el club de sus amores. Su pase pertenecía a Mercom, y se encontraba a préstamo hasta el 30 de octubre de ese año, fecha en la que las ofertas de Blanco y Negro aún no lo convencían. Sólo le ofrecieron quedarse a préstamo por seis meses más, y no se hizo uso de la opción de compra. A él y a su representante se les acabó la paciencia, y partió al fútbol mexicano, comprado por el Atlante.
Pero, dos meses después, la administración alba cambió de parecer, y adquirió el pase de Sanhueza por U$ 250 mil. La situación fue tensa y las negociaciones muchas, así como grande la sorpresa por su retorno. Pero el jugador cuenta que, tres meses antes de esto, había firmado un contrato a plazo fijo con la gente de Colo Colo, pero que en
la ANFP salía como prorrogable. “Según el Nuevo Estatuto del Jugador yo quedaba libre, podía irme a donde quisiera”, y coincidió con una oferta del Necaxa, también del país azteca, a fines del 2007 que, según cuenta, era muy tentadora en términos económicos. “Por lo que había firmado hace un tiempo, que no podía desconocer, preferí quedarme si es que no se llegaba a un acuerdo entre clubes”. No hubo consenso, y Sanhueza se quedó en el Cacique.
Y el quedarse fue una acertada decisión: le permitió consagrarse tetracampeón del fútbol chileno (Apertura y Clausura del 2006 y 2007). “Fue algo lindo. Fuimos campeones cuatro veces consecutivas, y uno queda en la historia de una institución tan grande como ésta”.
Se muestra emocionado al hablar de Colo Colo. Asegura que “te marca en todo sentido, tanto en lo económico como en lo afectivo”, y agrega que “cuando conseguimos el campeonato con Wanderers fue algo lindo, hace 33 años que el equipo no era campeón, pero acá en Santiago se vive de una manera diferente”, y recalca el cariño de la gente, masivo, frente a este logro. Un afecto que es constante: en cada año, en cada temporada y en cada entrenamiento.
Un tema polémico hace algunos meses fue la marginación de Sanhueza de
la Selección Chilena de fútbol. Con Acosta y Olmos, Arturo fue convocado de manera constante, y llegó incluso a capitanear la escuadra nacional. Al inicio de la “era Bielsa”, el estratega argentino lo llamó pero, al poco tiempo, desapareció de sus nóminas. Motivo: ninguno explícito y muchos rumores. Pero hoy, luego de calmarse los ánimos y analizar la situación, el penquista es claro: “Me tocó la suerte de estar con
Olmos y con
Acosta. Después llegó un técnico que tomó la decisión de no nominarme, y es muy respetable, a pesar de que yo crea que puedo estar en la selección y puedo jugar de titular. Uno lo acepta, y le desea a los compañeros que jueguen que les vaya bien, porque Chile lo que necesita es ir al mundial para que todo nuestro fútbol pueda mejorar”.
Con la gracia de Dios
Es difícil no fijarse en sus brazos. Luce unos llamativos tatuajes, en letras góticas. En el brazo derecho, dice Constanza, por su hija de 6 años y, en el izquierdo, dice Lucas, por su hijo de dos años seis meses. “Es para tenerlos siempre a mi lado, llevarlos conmigo”. Y revela que tiene, en total, cinco tatuajes. Además de estos dos, se lee en la parte posterior de sus antebrazos “San Sebastián” y “San Expedito”, que atestiguan su fe cristiana, que también se expresa cuando habla: en cada oración está Dios y, cada cuantas, le agradece lo que tiene.
En una de sus piernas, tiene una pelota envuelta en una cinta, que dice “gracias fútbol”, por todo lo que éste le ha dado.
Y son el fútbol, su familia y Dios sus pilares. Habla de su esposa Karen, y de la felicidad que le brindan sus dos pequeños niños. “Mis hijos para mí son todo, son mi motivación. Me gustaría que el día de mañana mi hijo me vea más que como un buen jugador, como un buen padre”. Y se apura en mencionar a su madre. “Ella es la persona más importante de mi vida, porque luchó por nosotros cuando éramos muy chicos. Éramos muy pobres y ella trató de sacarnos adelante. Está en Concepción, muy tranquila, gracias a Dios”.
Arturo se pasea con seguridad por los estacionamientos interiores del Estadio Monumental, exclusivos para el plantel. Hay un lugar apartado, especial y más amplio, con un cartel que lleva su nombre, en letras grandes. El celular no deja de sonar, y a cada rato se acercan guardias y empleados a hablarle. Es que en la institución, él es una figura. Todo un rockstar. “Acá en Colo Colo me han ofrecido la Gerencia Técnica. Aún tengo que tomar la decisión, lo estoy viendo con la gente del Sifup, a ver si hay un costo relacionado con esto”, cuenta con aplomo.
Pero confiesa que aún no está en plan de cambiar los botines por un empleo administrativo. “Hoy me siento, todavía, muy inserto en la profesión y sin ganas de pensar en el retiro. Me quedan cuatro años más de contrato en el club, y pretendo poder cumplirlos y alargarlos, si Dios quiere. Estoy muy feliz por todo esto que he vivido y, gracias a Dios, mi carrera siempre ha ido en ascenso y no se ha estancado. Eso me tiene muy contento”.
Es hora de irse, “a hacer negocios”. Todos se despiden de él con gran efusividad. Los hinchas, una vez más, se agolpan en los vidrios de su camioneta, y él, como de costumbre, responde todo tipo de saludos. Como aseveran ellos mismos, Sanhueza es un hombre que, pese a su actual fama y fortuna, no ha perdido la sencillez, y esa es una de las principales razones por las que cultiva tal admiración entre los fanáticos. Y se pierde por Marathon, camino a su casa en Ciudad del Este, en La Florida, donde lo espera su auto “para salir”. No hay dudas que es el hombre más querido de la tienda alba.
¡Pronto Audio Exclusivo de ENTRETIEMPO!